“Imagen de la lujuria”: el arte como un enga√Īo [recenzja]

“The Picture of Desire”, seg√ļn una novela de Charles Willeford, prometi√≥ ser un emocionante thriller en el mundo de los conocedores del arte desde la primera hasta la √ļltima escena. Sobre un hombre que se muda a cierta frontera y una cosa peque√Īa que es suficiente para cruzarla. Sobre una mentira que conlleva otra. Desafortunadamente, la desconcertante aflicci√≥n sufrida por la pel√≠cula de Giuseppe Capotondi sufre: demasiada evidencia de intriga, ambig√ľedades que r√°pidamente se vuelven inequ√≠vocas. En otras palabras, sin secreto y sin mayor sorpresa.

Sin embargo, puede ser sorprendente que, a pesar de las diversas películas que giran en torno al tema del arte, el héroe central no es el artista sino el crítico. Especialista, autoridad, experto, haciendo selecciones, estableciendo jerarquía, otorgando 6 de cada 10 estrellas. Quien revela y desarrolla el significado simbólico de la obra a los destinatarios, da forma a los gustos masivos y a las ideas comunes. Un hombre que decide qué merece atención, el estado de una obra maestra o el nombre de kitsch.

“El arte no existir√≠a sin cr√≠ticas. Me imagino a m√≠ mismo y a mis compa√Īeros cr√≠ticos como las orillas del r√≠o. El arte es el agua que fluye entre nosotros. Le damos direcci√≥n. Podemos decir que lo controlamos. Sin las orillas, incluso la corriente m√°s fuerte ser√≠a las aguas estancadas. Ap√°tico fango y moscas inconmensurables “- declara James Figueras, un destacado experto en arte que trabaja varias veces al a√Īo como gu√≠a tur√≠stico encargado por galer√≠as italianas. Desafortunadamente, ni el ego bien crecido ni la broma del h√©roe van de la mano con el prestigio y la riqueza de la billetera. No es de extra√Īar que decida abandonar las condiciones de trabajo miserables y aceptar la orden de un influyente comerciante de arte que puede cambiar su vida con una sola mano. Y aqu√≠ comienzan las escaleras.

Esencialmente, el exc√©ntrico millonario y coleccionista que inesperadamente invita al h√©roe a su finca de verano en el lago de Como, proporciona un sue√Īo y la imagen deseada. La colecci√≥n de su mayor surrealista es para complementar su colecci√≥n. Por lo tanto, es suficiente obtener un lienzo de la colecci√≥n del legendario pintor para cambiar de mendigo a emperador. El problema, sin embargo, es que el artista desapareci√≥, huy√≥ del mundo durante muchos a√Īos, despu√©s de que los logros de toda su vida ardieran en un incendio en la galer√≠a de Par√≠s y al d√≠a siguiente tuvo que comenzar desde cero. Ning√ļn cr√≠tico ha hablado con √©l durante medio siglo, nadie ha visto su nuevo trabajo durante tanto tiempo. Cada vez es m√°s claro que los criticados y atra√≠dos por la tentaci√≥n de una publicidad r√°pida no pueden contar con pasar la imagen con amabilidad. Queda para √©l ir tan lejos como preguntar, amenazar, enga√Īar o astucia.

Los guionistas de “Picture of Desire” como bloques de construcci√≥n para la historia usan elementos del l√≠mite en la disertaci√≥n sobre la posici√≥n de los artistas y el valor de sus obras, as√≠ como un thriller √≠ntimo. En el primer caso, la pel√≠cula. Capotondi provoca una pregunta interesante en qu√© medida el artista tiene derecho a aislarse del mundo y desperdiciar su propio genio. El diagn√≥stico fundamental del pintor solitario interpretado por Donald Sutherland es el siguiente: “Una de las ventajas de ser artista es que no tiene obligaci√≥n con nadie, por lo tanto no tiene que compartir sus obras, incluso deber√≠a ocultarlas de ojos indignos”. El cr√≠tico de arte est√° al otro lado de la barricada. √Čl le explica al artista que sus obras no son suyas, pertenecen al mundo entero y mantenerlas ocultas no es m√°s que un vil robo. Y es una pena que lo que funciona en el nivel de discusi√≥n inspiradora sobre la libertad art√≠stica, ya no funciona en el nivel, que es, despu√©s de todo, uno de los elementos m√°s importantes: la intriga criminal.

Entonces, estaba menos convencido por la convenci√≥n de suspenso, y parte de la responsabilidad de tal efecto est√° a cargo de la narrativa, que abunda de manera demasiado expl√≠cita y dibujada con una gruesa l√≠nea de lamidas. La desventaja fatal es que Capotondi demasiado r√°pido pone todas las cartas sobre la mesa, literalmente de la pel√≠cula de apertura del mon√≥logo, pone debajo de la nariz consejos sutiles y sugerencias que brindan respuestas prematuras y una soluci√≥n clara de rompecabezas. Nos damos cuenta r√°pidamente de c√≥mo se desarrollar√° el destino de los personajes individuales, el desarrollo predecible del accidente no atrae al lector a ning√ļn juego exigente, no proporciona un lugar para pistas enga√Īosas, trampas ocultas, una red de conexiones presentes debajo de la fachada, puntos sorprendentes o un lugar para el autodescubrimiento de la verdad. Es dif√≠cil resistirse a la impresi√≥n de que Capotondi no sabe en qu√© se basa la adaptaci√≥n adaptativa y el intrincado rompecabezas.

Incluso si las suposiciones del thriller parecen no probadas y cosidas con hilos gruesos, Capotondi al menos ha elegido un elenco admirable. Esto se aplica igualmente a una estrella de este calibre, como se cita a Donald Sutherland, as√≠ como a los nombres de la generaci√≥n m√°s joven: Claes Bang (juego metatextual de “The Square” probablemente no accidental) o Elizabeth Debicki. Finalmente, me gusta la elecci√≥n de Mick Jagger como coleccionista apegado al glamour y la idea de poseer cuadros intrigantes y admirados. Puede sentir la refrescante ligereza y la excentricidad comprensiva necesaria para representar no tanto a un orgulloso coleccionista como a un famoso buscador de impresiones y un arist√≥crata del rock and roll.

6/10

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“Imagen del deseo” (La herej√≠a de naranja quemada), dir. Giuseppe Capotondi, EE. UU. 2019, distribuci√≥n: Mejor pel√≠cula, estreno de cine: 2020.