¬ŅC√≥mo ‚ÄėSr. La batalla de circunvalaci√≥n de Smith reflej√≥ la crucifixi√≥n de Cristo

¬ŅC√≥mo ‚ÄėSr. La batalla de circunvalaci√≥n de Smith reflej√≥ la crucifixi√≥n de Cristo

Jefferson Smith (Jimmy Stewart, cl√°sico de Hollywood Everyman) es un h√©roe de un pueblo peque√Īo elegido para ocupar un esca√Īo vacante en el Senado durante un par de meses antes de las elecciones.

La m√°quina pol√≠tica corrupta que lo coloca all√≠ cree que el ingenuo Scoutmaster estar√° demasiado emocionado con el concierto como para causar problemas. Pero cuando Smith presenta un proyecto de ley para construir un campamento de ni√Īos donde el poderoso jefe Jim Taylor (Edward Arnold) tiene planes para una presa, la escena est√° lista para un enfrentamiento: el promedio de Joe contra los poderes m√°s poderosos de la tierra.

Es un clásico, por supuesto. Y sí, es genial. Si bien corre el rumor de que los senadores abandonaron esa primera proyección, es tranquilizador hoy que los políticos, incluso en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, siempre fueron un poco sospechosos.

Pero algo m√°s me llam√≥ la atenci√≥n: cu√°nto refleja la historia, de una manera muy estadounidense, el viaje de Jes√ļs a Jerusal√©n. O lo habr√≠a hecho, si Jes√ļs hubiera sido un rube mortal bien intencionado de Nazaret.

Cuando el Sr. Smith de Stewart llega a Washington, lo saluda calurosamente, pero tambi√©n con aire de curiosidad. Smith es un buen tipo, despu√©s de todo, y los habitantes de DC saben que su ciudad no es lugar para buenos tipos. Pero algunos, tal vez, creen que este modesto Everyman podr√≠a ser algo as√≠ como un salvador. Tal vez como algunos que agitaban esas hojas de palma hace un par de miles de a√Īos.

No pasa mucho tiempo antes de que Smith vea la verdadera cara de D.C. Se burla del cuerpo de prensa de Washington y, como se mencion√≥ anteriormente, registra bastantes de ellos. Se educa r√°pidamente sobre la operaci√≥n menos que pura de Washington. Me recuerda un poco a Jes√ļs entrando al templo y encontr√°ndolo como una “cueva de ladrones”.

Solo cuando Smith decide hacer algo al respecto se topa con real problema. Despu√©s de que propone su proyecto de ley, la m√°quina pol√≠tica de Taylor, incluido el mentor de Smith, el senador Joseph Paine (Claude Rains), decide derribar al tipo. A pesar de que Payne es reacio a participar, le dice a Taylor que no desea “crucificar” al hombre, pero lo hace de todos modos.

Enmarca a Smith para que parezca que el campamento de su hijo no era m√°s que una empresa codiciosa y lucrativa, y comienza a rodar para que expulse a Smith. Es una traici√≥n tan profunda como si Paine fuera Judas, besando a Jes√ļs en la mejilla por 30 piezas de plata.

La traici√≥n env√≠a a Smith a un verdadero Jard√≠n de Getseman√≠, pero para Smith en su historia estadounidense, su jard√≠n es el Lincoln Memorial. En lugar de hablar con Dios, se arrodilla ante Lincoln. Pero luego recibe una peque√Īa charla de su asistente, Clarissa Saunders (Jean Arthur).

Ella le dice que √©l no es el √ļnico que luch√≥ contra la corrupci√≥n y las m√°quinas pol√≠ticas. Cada h√©roe pol√≠tico libr√≥ la misma batalla tonta, porque ten√≠an fe en algo m√°s alto, algo mejor.

“Todo lo bueno que alguna vez lleg√≥ a este mundo provino de una fe as√≠”, dice ella. Y juntos, traman un plan que se lanzar√° durante la crucifixi√≥n centrada en el Senado de Smith.

Smith no hace su trabajo en una cruz, por supuesto, sino en un filibustero dram√°tico. Habla durante m√°s de 23 horas (seg√ļn la pel√≠cula; la escena del filibustero en s√≠ dura solo unos 15 minutos). Cita la Biblia y la Constituci√≥n, pidiendo un poco m√°s de honestidad y decencia. Puede ser expulsado del Senado en su o√≠do, dice, pero al menos la gente de su ciudad sabr√° que trat√≥ de hacer de Washington un lugar m√°s honesto.

Pero la m√°quina pol√≠tica de Taylor, que posee una gran cantidad de peri√≥dicos, socava incluso ese plan. Y en los momentos culminantes de la pel√≠cula, Joseph Paine trae miles de telegramas de su ciudad natal, todos de personas que creen que es un mentiroso y un estafador. Me recuerda a la multitud reunida debajo de Poncio Pilato, gritando que Jes√ļs sea crucificado.

En su √ļltima escena, Smith cita las Escrituras. Rega√Īa a su traidor incluso mientras confiesa cu√°nto lo amaba. Y se derrumba. La crucifixi√≥n est√° hecha.

Ahora, no estoy diciendo que el director Frank Capra estaba creando una alegor√≠a b√≠blica con “Mr. Smith va a Washington. M√°s bien, estaba usando ecos de la pasi√≥n de Jes√ļs, una m√°s familiar, tal vez, en aquel entonces que hoy en d√≠a, para enfatizar el papel de Smith como salvador de Washington, haciendo un trabajo sagrado.

Esos ecos b√≠blicos todav√≠a resuenan hoy, al menos para m√≠. Y a medida que nos dirigimos a las elecciones dentro de pocos d√≠as, me hace a√Īorar un Sr. Smith o dos.

Paul Asay ha escrito para The Washington Post, Christianity Today, Beliefnet.com y The (Colorado Springs) Gazette. Escribe sobre cultura para PluggedIn y escribi√≥ el libro de Batman, “Dios en las calles de Gotham” (Tyndale). Recientemente colabor√≥ ‚Äč‚Äčcon Jim Daly, presidente de Focus on the Family, en su libro “The Good Dad”. Vive en Colorado Springs con su esposa Wendy y sus dos hijos. S√≠guelo en Twitter en @AsayPaul.