C√≥mo ‘Mindhunter’ rompe la regla cardinal de la narraci√≥n

David Fincher juega seg√ļn sus propias reglas.

Todo escritor conoce el antiguo axioma: “Mostrar, no contar”. Este enfoque de narraci√≥n cuenta con muchos creyentes firmes, desde Anton Chekhov hasta Ernest Hemingway. David Fincher no es uno de ellos.

En su serie, cuya tan esperada segunda temporada se lanzar√° a principios del pr√≥ximo a√Īo, Fincher dice que no a la convenci√≥n de narraci√≥n de cuentos. Aunque el espect√°culo es rico en violencia espantosa, Fincher nunca nos lo muestra. En cambio, usa el di√°logo para crear esquemas detallados de los asesinatos grotescos que impulsan el espect√°culo, y depende de nosotros completarlos.

En el video ensayo “Mindhunter: Un juego llamado di√°logo”, ScreenPrism nos muestra c√≥mo David Fincher logra hacer un programa convincente e inquietante sobre el asesinato sin mostrar uno. En la serie de entrevistas que forman la base del programa, conversaciones simples nos encierran al ocultar interacciones cargadas y emocionalmente complejas. Fincher llama a las discusiones entre el agente del FBI Holden Ford y los asesinos en serie que entrevista “luchas de poder” y “elaborados juegos de ajedrez”. Y con raz√≥n, cada entrevista est√° impregnada de se√Īales sutiles (tanto verbales como no verbales) que traen una mendicidad sin fondo para explorar.

Simplemente analizando las conversaciones entre Ford y el asesino en serie Ed Kemper, interpretado por el brillante Cameron Britton, queda claro que la superficie de lo que se dice oculta intenciones mucho m√°s siniestras y complicadas. Los dos hombres se interrumpen con frecuencia, comienzan y se detienen estrat√©gicamente, revelan y retienen informaci√≥n cuidadosamente, todo en un juego medido de dominio cambiante. Las se√Īales no verbales que corren paralelas a su interacci√≥n verbal son igualmente reveladoras, ya que los gestos, los tics faciales y los cambios en las posturas revelan la furia furiosa o las inseguridades que se pudren tanto en Ford como en Kemper.

A lo largo del espectáculo, Fincher cuenta en lugar de espectáculos. Como Kemper describe explícitamente los crímenes grotescos que lo llevaron a prisión, la retención de imágenes visuales no solo aumenta el suspenso, sino que también nos obliga a conjurar actos de violencia atroz. Dejados a los dispositivos de nuestra propia imaginación, nos adentramos más en la historia y nos hacemos cómplices. Eso es mucho más convincente que un simple destello de sangre gore. Fincher sabe que la audiencia activa y conflictiva es mucho más satisfactoria que una breve fascinación disgustada.

Para un an√°lisis a√ļn m√°s detallado de c√≥mo Fincher usa el di√°logo para revelar la verdadera naturaleza de los personajes, y de nosotros mismos, consulte el ensayo en video a continuaci√≥n.